La primera impresión es casi física. No hay relato previo ni introducción amable. Dos robots entran a la arena, el árbitro da la señal y, en cuestión de segundos, empiezan los golpes. Chispas, ...
El día empezó como suelen empezar las grandes jornadas deportivas: con pantallas encendidas antes que el público, horarios que se pisan y una sensación de que siempre está pasando algo en otro lado.
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